Querámonos…

¿Cuál creéis que es el tiempo prudencial para empezar a querer a alguien? A querer como sea, no solo románticamente. ¿Puede ser un día, un mes, varios?

Yo creo que es algo que no podemos decidir. Cuando hay alguien que dice: no se pueden querer si apenas se conocen. ¡Pues sí se pueden querer!

Hay gente con la que conectamos. Personas que quizá conocemos de días o semanas, pero ya sentimos que hay algo que nos atrae, y sabemos que formarán parte de nuestra vida. Y a estas personas las queremos desde el minuto tres.

Para mí querer es preocuparme por ella -la persona-, tenerla cerca, saber de su vida y contarle de la mía. Alegrarme de sus alegrías y apoyarla en sus lloros.

Y decírselo. Debemos decir más “te quiero”. Estamos acostumbradas a decir las cosas malas, o las cosas buenas por encima, no vayan a pensar… Pues yo me he propuesto para este nuevo año decir más “te quiero”, porque hay gente a la que quiero, hay gente a la que quiero mucho, y gente a la que quiero más. Porque gente a la que quise nunca se lo dije y ya se pasó. No quiero que se pierda ni uno más.

Y, sobre todo, querámonos bien.

Feliz 2019.

Feliz vida.

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Día de Salir del armario

“Salir del armario” algo que me parece tan pesado como necesario. A partes iguales.

Creo que una de las cosas más difíciles de mi vida fue “salir del armario” por primera vez. Lo que sería decir en voz alta a alguien que soy lesbiana.

“Sales del armario” la primera vez, y con todo lo que cuesta, crees que ya está. Pues no. Es la Historia interminable –por desgracia casi nunca acompaña la música guay-. Nos pasamos la vida conociendo a gente nueva, trabajo, amistades, vecindario… Así que crees que tienes que dar explicaciones, algo que viene con el carnet de “no ser normal”.

Llegó un día -no sé puntualizar cual- que dejé de “salir del armario”. Dejé de dar explicaciones -si no me apetece-. No es que no hable o esconda algo, al contrario. Pero a mí nunca me han dicho: “Porque yo estoy casada con un hombre”. Así que yo tampoco, simplemente digo “mi mujer”, “Laura”, “la otra madre de mi hijo”…

Ya no “salgo del armario” porque me quedé fuera, y hace poco lo quemé en una barbacoa -no sea que tuviera la tentación de volver a su calor-.

Imagen de Google

Carmen y Lola. Lola y Carmen

El pasado lunes tuve la suerte de estar en el preestreno de Carmen y Lola, de Arantxa Echevarría, en Barcelona.

Desde que empecé a escuchar hablar de la película que tenía ganas de verla. Últimament estoy en una fase de querer ver todas las historias de lesbianas que existan, supongo que por eso de que cuando lo necesité no había. Vi los clips de Youtube y me gustaron, a las ganas del principio se le sumaron más ganas.

Y lo que pasa cuando pones muchas espectativas en algo… ¡pues no! Aún mis espectativas se quedaban cortas.

Carmen y Lola es un película que hay que ver. Hay que verla por muchos motivos, te guste lo que te guste hay algo en ella que te atrapará.

Es una historia de amor de las que quieres más. Como dijo Arantxa en la presentación: “¿quién no se ha enamorado y ha sentido las maripositas?”. Todas podemos sentirnos identificadas con ese primer amor, en el que parece que se te va la vida, en el que entregas el alma, el inocente… La historia ocurre en familias gitanas que se lo ponen difícil, algo con lo que también podrían identificarse muchas personas a las que su familia o la sociedad no les dejan vivir el amor y la libertad en plenitud. Otra buena razón, es una historia de dos chicas jóvenes. ¡Aish! ¡Cuántas de nosotras vivimos ese primer amor entre la emoción, la vergüenza, la felicidad y el miedo!

Y ahora que ya os morís por verla, os cuento que el reparto es genial. Todos los personajes, sus actores y actrices fantásticos. Aunque confieso que a mí Lola me fascinó.

Es una película de esas que no olvidas. Mañana ya la tenéis en un montón de cines, id a verla y me contáis.

Renoir Floriblanca, Barcelona

Buena gente

Pues sentada aquí con la calma me da por pensar…

El otro día una persona tuvo un detalle conmigo que me emocionó, y me ha hecho reflexionar sobre las personas con las que nos cruzamos en la vida y las relaciones que tenemos.

Hay gente buena y eso no debemos olvidarlo, aún cuando pensemos que no podemos fiarnos de nadie, acordémonos que hay personas que valen la pena.

Justo esta persona la conozco de los 3 años, fuimos juntas al colegio hasta los 16, no es que fuéramos muy cercanas pero mi clase era una gran familia -sí, cuando la ratio era 42 alumnos-. Después la vida pues nos ha cruzado alguna vez, por circunstancias, ahora más. Y puedo decir que la considero amiga -y a su marido también-.

No salimos a cenar, no quedamos para tomar cafés ni ir de compras, pero me ha demostrado que es buena persona, que está cuando le pides ayuda -aunque sea una tontería- y cuando no se lo pides, también.

Y para mí eso es la amistad.

Tengo mis cosas en cuanto a relacionarme con la gente -spoiler: todo el mundo las tiene- y me gustan las personas que no te piden un contrato de amistad, que no te piden explicaciones por ser como eres, que puedes hablar de lo que sea o no hablar en meses, que se alegran de tus éxitos y te acompañan…

Así que me niego a perder la fe en la humanidad, aún hay gente buena, y mientras así sea todo es posible. Porque las buenas siempre ganan.

Ella es Mía en Villanueva de los infantes – Foto de Sandra y Eric

Carta de una maestra en vacaciones

“Tú no te quejes”, “como tú tienes tres meses”, “sí, a ti aún te queda…”… Y así, una infinidad de frases, que todas vienen a decir lo mismo pero con diferentes combinaciones.

Lo primero, quiero decir que yo no me quejo de mis días de vacaciones -no hay motivo- ni tampoco quiero convencer a nadie de que los merecemos, porque quien no cree que los merezcamos no van a cambiar de opinión. Solo quiero expresar mi sensación de injusticia para con los docentes.

Matizar que hay muchas -y muchos- maestras que durante el mes de julio trabajan -en el colegio, en formación, en casa…- de manera más flexible, sí, también sabemos que en muchos oficios la gente tiene un horario más flexible en verano.

Cuando entras en una clase sabes que tienes antes ti a veinte, veinticinco -o más- niños y niñas que son los TESOROS de sus casas. Niñas y niños a quienes tienes que enseñar a leer, escribir, sumar, crear, hacer volteretas sin que se hagan daño, solucionar conflictos, afrontar dificultades… y así podría hacer una larga lista. Porque en el colegio no solo se dibuja o se juega con plastilina.

Ponemos orden en un debate entre veinte, curamos heridas con agua y tiritas, procuramos que desayunen cada día, y que además aprendan lo que toca. Y si tenemos suerte nos acompañarán familias que nos darán la mano, obviaré lo que pasa si no hay suerte.

Creo que tenemos mucha suerte con nuestro horario y nuestros festivos, y creo que mucha gente nos odia por eso, y ese es el problema, en vez de pensar que hay que mejorar la conciliación, horarios, salarios, valor… de otros oficios, la gente nos mira mal por lo que tenemos. Como dijo un compañero vivimos en una sociedad de competencia, para que yo gane tiene que perder otro, en vez de intentar que ganemos todos.

Y así nos va…

Relato

Hace unas semanas escribí un relatito y me apetecía compartirlo por aquí. Era para un concurso de literatura juvenil.

A ver que os parece:

EL BESO

Llevaba enamorada de ella todo el curso. Al principio me había ido bastante bien, nadie había notado nada y yo tampoco lo había dicho. Hasta que pasó eso de que tú tienes una amiga, que tiene otra amiga, que tiene otra diferente, y a los pocos días de decírselo a Jana ya lo sabía toda la clase.

Los primeros días fueron horribles, al hecho de que me gustaban las chicas sumábamos que me gustaba una en concreto, de la clase. Había comentarios para todo, yo aguantaba el tipo e iba tachando los días en el calendario: uno menos para que se les pase la tontería.

Beth no me había dicho nada, y cuando alguien hacía algún comentario hacía como quien oye llover, pero me sabía mal que la molestasen por mi culpa. En clase no me atrevía a acercarme para hablar con ella, me daba vergüenza, además, no quería dar más motivos para los comentarios.

Un día, entre clase y clase, mientras hablaba con Pep y Jana, de reojo vi como Daniel le decía alguna cosa a Beth, de repente ella se lo miró, se levantó y empezó a caminar hacia mí, me cogió la cara y me dio un beso. Cuando me dejó ir, dijo:

– ¡Ahora ya podéis seguir hablando!

Jana y Pep estaban tan flipados como yo. Les miré, y sin decir nada salí de la clase. Me topé con la profesora.

– ¿Dónde vas?

– Ahora vuelvo, me he olvidado algo.

Iba caminando por el pasillo vacío, sin saber a dónde ir. Cuando giré para bajar la escalera, Beth estaba allí sentada. Me miró.

– Siento haberte besado. Creo que lo he empeorado todo.

La miré, tenía los ojos llorosos. Me senté a su lado.

– No, a mi me sabe mal haberte metido en este lio. Yo no…

– ¡No es culpa tuya! Que digan cosas solo es culpa de quienes las dicen.

– Ya, pero si yo no hubiera…

– ¿Es verdad? – Me volvió a cortar.

– ¿El qué? – Yo estaba tan bloqueada que ya no sabía ni que me preguntaba.

– Que te gusto, ¿es verdad? – Sentí más presión en ese momento que en todos los días que llevaban tocándome las narices. Si le decía que no, mentía; si le decía que sí, no había vuelta atrás.

– Sí. – No decía nada, miraba al suelo, y yo la miraba a ella. Al rato, me miró y sonrió. Se levantó y volvió a clase. Yo me quedé allí sentada.

A media tarde recibí un mensaje:

¡Hola! Soy Beth, ¿qué tal?

¡Hola! Bien, ¿y tú?

Bien… ¿quieres que quedamos?

Casi no habíamos hablado des de que nos conocíamos, y de repente parecía que fuéramos amigas. Y yo encantada.

Me invitó a su casa.

Reconozco que cuando llamé al timbre me puse nerviosa. Abrió la puerta y me hizo entrar. Era un sitio muy bonito, lleno de fotografías. Me explicó que su madre era fotógrafa y viajaba mucho, siempre que podían, su padre y ella la acompañaban, pero esta vez solo había podido ir su padre.

Preparamos alguna cosa para comer y fuimos al sofá. Yo me senté mientras ella buscaba alguna cosa para ver.

– ¿Qué te parece esta? – Me dijo.

– Bien. – Seguía nerviosa.

– ¿Estás bien? – Dejó el mando a distancia y se acercó.

– Sí. – Se sentó a mi lado y me miraba fijamente. Me cogió la mano.

– ¿Saber qué? Nunca había besado a nadie. – No esperaba que me dijera eso. Ella sonreía y parecía nerviosa también.

– ¿Sabes qué? Para mí ha sido el mejor beso.

Nos quedamos calladas, cogidas de las manos y pusimos una película. Estuvimos viendo la televisión, hablando de muchas cosas, riendo… Se hizo la hora de irme. Antes de salir por la puerta me dijo:

– Quiero volver a darte un beso.

No le contesté, la cogí por la cintura, me acerqué y le di un beso. Noté las maripositas en el estómago de las todo el mundo hablaba. Después de llegar a casa, aún pasamos unas horas mensajeándonos. Cuanto más hablaba con ella, más me enamoraba.

Al día siguiente no expliqué nada a nadie. Cuando entré en clase, Beth ya estaba hablando con una amiga, nos miramos y sonreímos. Yo fui a mi sitio. Cuando pasó por mi lado, pasó su mano por mi pelo. ¡Otra vez las maripositas!

Cuando acabó la clase me acerqué a su mesa para saludarla.

– ¡Hola!

– ¡Hola! – Me contestó sonriendo. Estaba muy guapa cuando sonreía.

– ¿Cómo estás? – Le pregunté. Ella puso sus manos sobre las mías.

– ¡Muy bien! – Me miraba fijamente y no lo pude evitar, me acerqué y la besé. Al momento me di cuenta de que podía haberle molestado. La miré, ella se volvió a acercar. Esta vez oí a los demás haciendo comentarios de fondo, no me importó, y a Beth tampoco.

Beth y yo empezamos a salir, no nos escondíamos. Nos daba igual si querían hablar de ello, no les prestábamos atención. Pronto se cansaron.

*Derechos reservados

D.E.B.S

¿A quién se parece?

Da igual si has tenido hijos o no, todo el mundo ha dicho, o escuchado, alguna vez eso de “¿a quién se parece?” cuando nace un bebé.

Yo estoy cansada de escuchar que de dónde le vienen los rizos rubios a mi hijo. Intento pensar que no lo dicen con la intención de que conteste que me tiré a un noruego.

Sabiendo lo básico de genética ya nos damos cuenta de que la pregunta es innecesaria. Los genes pueden transmitirse a través de generaciones sin manifestarse, y de golpe… ¡zas! Sin mencionar que a veces conocemos a adultos con pelo castaño y de pequeños fueron rubio platino, o personas con una nariz totalmente diferente a como era en su infancia.

La cuestión es que, a día de hoy, quizá deberíamos empezar a dejar de hacer la Preguntita. Ya no lo digo por las lesbianas, caso en el cual es obvio que hay un 50% de genes que desconocemos -aunque los rasgos sepamos por donde van-, pero cada vez son más las madres solteras, padres solteros, dos padres y parejas heterosexuales con problemas de fertilidad, y unos lo llevarán mejor que otros, y depende de cual sea el punto en el que estás la pregunta puede resultar incómoda.

Y ahora pensaréis: “¡vaya tontería! ¡Esto es una estúpidez!” Pues es que a veces nos perdemos en los detalles de cosas que se han dicho, o hecho, “toda la vida”, a las que restamos importancia, que solo ves cuando te afectan. No es cuestión de que “ahora todo ofende, ya no se puede decir nada”, es cuestión de empatía.

Los rizos más bonitos

Orgullosa 🏳️‍🌈

Este año, por primera vez he vivido el Orgullo, así, con mayúscula. Hace mucho tiempo que vivo orgullosa de quien soy, de como soy y de quien me gusta, pero nunca había ido a ningún Pride. Me ha parecido una experiencia merecedora de un post -como poco-.

Ante todo debo decir que no pude estar en mejor compañía. Celina, Sam – de Magles – y Marta me acogieron maravillosamente. Conocí a gente fantástica, cada cual con su historia, su mundo, y ¡qué bonito es cuando nos mezclamos! -he mejorado mi inglés, tuve una masterclass de Instastories de una crack, he hablado de la vida con gente que acababa de conocer, he escuchado a Camela y Natalia en directo…- Fue diferente a lo que había visto en la tele -siempre nos enseñan lo que quieren-, había mucha fiesta loca, pero también fiesta no tan loca, actividades en familia, para todas las familias, todo el mundo estaba invitado.

Podría escribir muchísimo de estos dos días…

Reconozco que me emocioné especialmente cuando pasó alguien por el stand y al ver mi libro le dijo a su hija: este es el que me estoy leyendo. De eso también estuve orgullosa…

Y la mágica conversación con María y su hija. Once horas en coche, desde Málaga, solo para el Pride de Barcelona. Una madre orgullosa de su hija, porque la quiere, y eso es lo que hacen las madres y los padres que quieren a sus hijos e hijas estar orgullosos y no avergonzarse de a quien quieren. Una conversación que parecía obvia, pero que, por desgracia, no todo el mundo lo ve así.

Por eso seguiremos celebrando el Orgullo tantos años como sea necesario, para que todo el mundo pueda ver que somos más que una L, una G, una B, una T… somos personas, chicas, chicos; con ganas de divertirse, de conocerse, de vivir, con muchas cosas que decir, y con ganas de escuchar.

Siempre pensamos -y no debemos olvidar- en todo lo que queda por hacer, pero también celebremos todo lo que ya tenemos hecho.

Una maravillosa frase que recordó Sam: “No hay que ser la causa para defender la causa”.

¡Nos vemos en el Pride 2019!

Literatura LÉSBICA

Pues aquí viene mi reflexión -un día tarde, I’m sorry – de la semana: ¿debemos etiquera la literatura lésbica como tal, o no?

¿Qué me ha llevado a pensar en esto? Pues desde que publiqué Ella es Mía le he estado dando vueltas al tema. Podría decir que es una novela romántica y nada más, porque es como me gusta definirla, una historia con la que se puede identificar todo el mundo.

Cualquiera que me conozca sabe que soy partidaria de la naturalidad y hace tiempo que dejé de salir del armario,- de eso os hablaré otro día, pronto – pero, lo que no entiendo es porque nos dan tanto miedo las etiquetas. Yo considero que las etiquetas no son malas, nos ayudan a organizar información, y tú luego decide si esa etiqueta te importa o no. Yo soy lesbiana, y me etiqueto como tal, luego ya depende de cada persona si quiere que eso le importe o no. En mi novela las protagonistas son lesbianas: novela lésbica. Ahora tú decides si eso es un handicap o no.

El problema llega cuando solo por tener esa etiqueta una persona que no se considera lesbiana piense que la cosa no va con ella, ahí es donde hay que abrir la mente y descubrir que somos más iguales de lo que se cree. Que en cuestión de explicar, narrar, representar historias en las que hay emociones, relaciones, acciones… todas y todos somos iguales, y solo nos diferencian los matices individuales.

Las cosas por su nombre, ¡por favor!

Natural, como la vida misma

Todo el mundo ha escuchado alguna vez eso de “es antinatural”, ¿verdad?

Es un argumento fácil para gente que tiene poco que aportar, y mucho que criticar… No penséis que solo somos “antinaturales” los homosexuales, todo lo que no gusta: ¡antinatural! Homosexuales: antinatural, transexuales: antinatural, intersexuales: antinatural, señoras que son madre a los 50: antinatural, divorcio: antinatural…

Nunca me ha ofendido, porque no me sentía aludida, pero no sabía como rebatirlo con firmeza. Hasta que un día leí “lo antinatural no existe” – “Desde una perspectiva biológica, nada es antinatural” Tediosfera-. Y no soy de creer en verdades absolutas, pero esta idea me dió la respuesta que esperaba.

Según el artículo, la idea de antinaturalidad la inventó la Iglesia, raro, ¿verdad? Todo lo que no les parecía apropiado lo etiquetaban como antinatural y era la peor. Pero resulta que lo antinatural no puede existir, porque en el momento que algo existe ya es natural, es posible por naturaleza. Es decir, la parejita de pingüinas lesbinas -Missy y Penélope- son tan naturales como la vida misma, esos animales que “gestionan” su natalidad: naturales, tú que no sabes si te gusta más el chico guapo de al lado o la chica del metro: natural, las personas asexuales: naturales, y a quienes les encanta el sexo a todas horas… ¡naturales!

Así que, ¡viva la naturalidad!